Narratividad, evidencias y evaluación de cursos de formación de profesores

Notas de la presentación que hice en el Congreso Internacional Educación y Aprendizaje. Historias de aprendizaje: Narratividad, evaluación y formación de profesores. (Madrid. Universidad San Pablo CEU).

Historias de aprendizaje

Diego Leal, Zavil Campillos, Daniel Jiménez. 

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Quiero mostrar algunos resultados de una investigación que realizamos al finalizar un curso de formación de profesores. Esta investigación respondió a la necesidad de evidenciar los aprendizajes de los participantes y comprobar si esos aprendizajes tenían efectos en sus aulas.

A partir de esta experiencia puntual, se puedan extraer reflexiones sobre la evaluación de este tipo de cursos de formación, sobre el concepto de evidencia y sobre las posibilidades de una metodología cualitativa basada en el análisis narrativo.

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Hablo de un curso para profesores de varios niveles y diferentes instituciones de la ciudad colombiana de Itagüí y tenía como objeto las competencias del siglo XXI.

Cuando el curso terminó, teníamos antes nosotros una gran pregunta que no sabíamos bien cómo responder, a pesar de que, en principio, parece una cuestión muy simple:

  • qué ha pasado;
  • qué han aprendido los participantes;
  • ¿de verdad el curso les está ayudando en su práctica docente?

Teníamos impresiones vagas y suposiciones poco fundamentadas.Por un lado parecía que el curso no había ido bien porque la apropiación conceptual era muy básica. Al mismo tiempo los participantes valoraban positivamente el curso y decían haber aprendido muchas cosas y los tutores decían que se estaban empezando a dar importantes cambios en los profesores.

El problema era entonces cómo alcanzar un conocimiento que nos permitiera confrontar estas impresiones, evaluar el curso para ver si los objetivos se estaban cumpliendo y determinar qué cosas estaban funcionando y qué otras había que cambiar.

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Ante este panorama, se optó por una investigación de corte cualitativo que pudiera recoger lo que habían experimentado los profesores durante el curso y los efectos que ello había tenido en sus clases y que además lo hiciera captando la mayor información posible sobre los contextos concretos en los que la experiencia de formación se desarrolló.

Para ello decidimos usar narrativas que reunieran, en un relato, la experiencia vivida por los profesores en el curso así como los posibles efectos en su trabajo.

Para construir las narrativas, elaboramos el guion de una entrevista semiestructurada. La entrevista fue un instrumento para construir “historias de aprendizaje” que definimos como:

un texto en el que una persona, desde su punto de vista personal, narra una experiencia de aprendizaje en orden cronológico. Ese relato contiene experiencias vividas y contextualizadas que incluyen información sobre acontecimientos, temas, agentes, contextos, prácticas, saberes y relaciones entre todos estos elementos.

De esta manera, se reunieron 6 entrevistas que después fueron analizadas con un proceso inductivo de codificación temática que se repitió varias veces.

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Los resultados más destacados de ese análisis son estos:

  1. Hay que destacar que las referencias a las competencias tratadas, a la idea de las competencias del siglo XXI o a la enseñanza basada en competencias estaban casi totalmente ausentes del relato de los profesores.
  1. Los participantes encontraron el valor en las prácticas, es decir, en las formas concretas de hacer cosas.

A partir de aquí, decidimos usar las prácticas como unidad de análisis en todos los relatos. Identificamos esas prácticas en todas las narraciones, las comparamos, establecimos patrones y enumeramos los elementos que las integraban. Así llegamos a la siguiente definición de práctica:

conjunto de operaciones que realizan los profesores para conseguir un objetivo didáctico. Los profesores eligen diferentes acciones, las secuencian de acuerdo a cierto orden e introducen ciertos objetos (herramientas cognitivas, materiales didácticos) para lograr su propósito.

Hay que destacar tres elementos claves que aparecen en todos los relatos:

  • Las prácticas que los participantes llevan al aula son las mismas que han experimentado como alumnos durante la formación. Así pudimos documentar que los docentes llevaron a sus aulas las mismas prácticas en las que participaron durante su formación. Consideramos que este traslado de prácticas entre uno y otro contexto es, de hecho, transferencia de conocimiento.
  • Los objetos (diagramas, tarjetas, etc.) son fundamentales tanto en la experiencia de aprendizaje de los profesores como en los cambios adoptados en sus aulas. Encontramos que estos objetos no son sólo valiosos en sí mismos, sino que embeben prácticas que, insertas en los objetos, pasan de un contexto a otro cuando los objetos son trasladados.
  • La práctica más importante y decisiva para todos los profesores ha sido el trabajo en grupo. Esto es señalado repetidamente como el aprendizaje más importante hecho durante la formación y como un cambio decisivo en sus aulas y en su identidad profesional.

En definitiva, la presencia de las mismas prácticas en los dos contextos nos ha permitido trazar una trayectoria de aprendizaje de los profesores con origen en la formación y con destino en sus centros de enseñanza.

Y así hemos podido evidenciar que el resultado fundamental de la formación fue un incremento del repertorio de prácticas docentes de los profesores:

Este incremento tiene que ver con:

  • Formas de agrupar a los alumnos.
  • Objetos que se introducen en las clases y que cambian los roles y funciones de los alumnos y del profesor.
  • Nuevas herramientas de evaluación.
  • Nuevas metodologías como el aprendizaje por proyectos.

            Todos estos elementos han quedado documentados en las narraciones de los docentes.

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Hasta aquí lo que tiene que ver con el caso en particular. Pero me gustaría también ofrecer algunas consideraciones surgidas de esta investigación que pueden tener un alcance mayor.

En principio no habíamos pensado usar las historias de aprendizaje como método de evaluación. No obstante, los resultados obtenidos nos llevaron a considerar que las historias podían ser usadas tanto para documentar resultados en los profesores y como para señalar el impacto del programa.

Diferentes autores hablan de narrative-based evidence y consideran las narraciones como una forma legítima de conocimiento que aporta información complementaria a las evidencias cuantitativas. Desde el momento en que aportan información que no queda recogida en los datos cuantitativos formalizados, la narración puede ser usada como fuente de la que extraer evidencias. Sostenemos, por tanto, que las historias de aprendizaje pueden servir para documentar resultados de un programa de formación y ser usadas en la evaluación de esos programas.

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Ahora bien, somos conscientes que los resultados con los que contamos no pueden ser considerados una evidencia en el sentido estricto que tiene este concepto en los estudios de evaluación. Es decir: la evidencia como una unidad de conocimiento producido por una investigación experimental cuantitativa con muestra aleatoria y grupo de control.

Esto nos llevó a reconsiderar esta definición tan restringida de evidencia y buscar referencias que pudieran aclarar este aspecto. Por ejemplo, Nutley, Powell y Davis hablan también de que la consideración o no de un dato como evidencia tiene que superar el estrecho marco de un positivismo cuantitativo. Ellos abogan por considerar la evidencia como un proceso situado que parte de los datos y atraviesa diferentes etapas (investigación, discusión, negociación) hasta llegar a la evidencia.

Esto implica que una evidencia es tal en función de quién y cómo la produce o quién y para qué la va a utilizar.

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Así las cosas pensamos que nuestra investigación:

  • Sirve para documentar resultados del curso de formación en términos de aprendizajes realizados, aplicación a contextos reales y efectos en las instituciones.
  • Estos resultados pueden ser tomados como evidencia dentro de un proceso abierto, situado y negociado de producción de evidencias.

Estas dos últimas afirmaciones son, en realidad, cuestiones que se relacionan con la pregunta que nos plantea la organización del Congreso acerca de “qué se considera una evidencia de aprendizaje”.

 

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